El ajo y sus usos gastronómicos

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El ajo y sus usos gastronómicos

Las recetas de tu mamá o de tu abuela jamás serían las mismas sin ajo ¿o te atreverías a decir lo contrario? El uso de este vegetal en la cocina es casi imprescindible para saborizar esas comidas que tanto nos gustan.

Además, que sus usos medicinales son increíblemente infinitos, así que mientras le das una excelente sazón a tus guisos estás aportando grandes beneficios a tu salud.

El ajo ofrece un aroma característico que encanta a los comensales y deleita a quienes cocinan. Además, es un ingrediente que tu paladar agradecerá si se usa de manera adecuada.

En la comida mediterránea este saborizante que otorga la naturaleza es muy utilizado, así como también se ha vuelto indispensable en muchos platos.

Su popularidad es mundial. En España por ejemplo, existe la Feria del Ajo de Zamora, también conocida como la Feria de San Pedro, que se realiza una vez al año y es donde se vende hasta un millón de kilos de ajo, gracias a que los agricultores de la zona y de las adyacencias muestran lo mejor de sus cultivos.

El ajo es la base para arroces, guisos, pastas, salsas de diferentes tipos y existe una gran variedad de este vegetal. Es el rey de la gastronomía.

Lo mejor de todo es que gracias a que su consumo en la cocina es en pocas cantidades, no aporta calorías extras, así que si estás en una dieta para disminución de peso, saborizar con ajo natural será una gran opción.

Aunque la mejor versión de él es la natural, también puedes conseguirlo en los supermercados en polvo para esos días en los que no tengas mucho tiempo o no quieras ensuciarte las manos con el poderoso aroma del ajo.

 

Receta de pollo al ajillo

Esta receta está pensada para 4 personas aproximadamente.

 

Ingredientes

  • Carne de pollo, que puede ser como lo prefieras: pechuga, muslos o pollo troceado.
  • 8 dientes de ajo
  • 1 taza de vino blanco
  • 2 hojas de laurel (opcional)
  • Sal al gusto
  • Pimienta al gusto
  • Aceite de oliva
  • 2 tazas de caldo de pollo

 

Preparación

  1. Lo primero que tienes que hacer es cortar el pollo. Si lo tienes entero debes trocearlo y si son pechugas, es necesario que las cortes en cubos pequeños. Reservar.
  2. Aparte pica el ajo o también puedes machacarlo con un mortero, la idea es que quede lo más pequeño posible.
  3. Coloca una sartén o una olla con el aceite de oliva y agrega los dientes de ajo ya picados. No olvides colocarlo a fuego bajo para evitar que el ajo se queme, pues si te descuidas es muy fácil que te ocurra.
  4. Una vez pasados 3 minutos aproximadamente o hasta que el ajo comience a dorarse, debes sacarlos de la olla o sartén y reservarlos.
  5. En ese mismo utensilio donde sofreíste los ajos vas a colocar el pollo hasta que esté bien dorado.
  6. Una vez que esté bien dorado añade la taza de vino blanco y espera a que se evapore el alcohol durante 4 minutos aproximadamente. Disfruta el olor que despide tu olla.
  7. Luego debes agregar el caldo de pollo conjuntamente con los ajos que sofreíste primero y que tenías reservados.
  8. Tapa y deja reducir el caldo con el vino hasta conseguir un líquido más espeso, parecido a una salsa. Cuando esto ocurra ya tu pollo estará listo para servir.

 

Consejos:

Si es pechuga estará mucho más rápido, pero si el pollo está troceado debes estar segura de que se haya cocido bien por dentro. Recuerda siempre usar fuego bajo, pues el fuego alto te lo quemará por fuera y por dentro estará crudo al momento de servirlo.

Para la guarnición podrás elegir entre papas hechas como puré, salteadas o fritas, pero si no te gusta puedes optar por un buen arroz blanco o sazonado como mejor te guste.

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